Hemos estado de campamento

corazones-la fábrica de talentos

Porque cuando un hijo se va de campamento todos nos vamos con él… a descansar, a salir de la rutina intentando no echarle demasiado de menos y quedando con todas esas personas que no podemos quedar.

La semana pasada hice una escapada romántica al pueblo, sin prisas, sin tener que dejar un vino a la mitad por que tienen que cenar, sin hora para recluirme en casa. Bueno, se que es temporal y es lo que toca, después volará y estaré esperando como en el campamento que me llame y me dibuje una sonrisa para el resto de tiempo que queda hasta que vuelva.

Lo mejor es que no he tocado la lavadora, ni la plancha, ni la vitro…naaada. Tenía necesidad de un aire retro que me transportase a mis años de noviazgo, me dediqué a ver fotos de esa época, de lo que me gustaba hacer con mi marido cuando había tiempo para vivir nuestra relación. Y vi tres cosas: poco dinero, muchas sonrisas y más y más planes. Se lo comenté por email a mi marido mandándole una postal muy romántica que busqué en internet e intenté que fuera una invitación arriesgada para la semana siguiente y recibí otro email con un gran corazón y dentro un “TE AMO” escrito como si fuera un tatuaje. Creo que nos lo estamos pasando pipa y lo necesitamos. Cuando volvió a casa, una gran sonrisa pícara nos delató y dejó en evidencia que somos muy felices, pero necesitamos crecer como pareja.

Me he pasado 3 días preparando sorpresas: recetas de bocatas que nos encantaban, sitios que podamos visitar y pasando la ITV a la moto. Quiero subir a la sierra cada tarde en moto y pensar que mientras sientes el viento en la cara y agarras a tu pareja, la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma.

Pensar en lo que nos gusta, nos une y nos da una nueva dimensión dentro de la pareja.